martes, 12 de octubre de 2010

Poema a los niños de la calle

Niños de la calle

En las grises calles, de las ciudades
o en áridas tierras de pueblos perdidos,
por doquier deambulan entre vicio y mugre
las caritas sucias de ojos dolidos,
de manos vacías, de sueños sombríos
que a sus cortos años pasmados descubren
un mundo egoísta de ambición y muerte,
que los abandona a su incierta suerte.
Y hay quien los critica porque son rateros,
porque inhalan tinta y son agresivos,
porque a nadie aman, por que son ateos,
porque son escoria ¡niños no queridos!
Qué vergüenza siento que yo forme parte
de una sociedad que nada comparte,
que inmersa en su mundo de absurdos valores,
olvida esos niños que son baluarte
de un mundo futuro con hombres mejores.
Qué vergüenza siento por no reparar,
en que soy culpable por complicidad
Porque nada hacemos para conquistar
el derecho de esos niños que imploran piedad
¡Que si inhalan tinta es para olvidar
que son el oprobio de esta cruel sociedad!
Somos culpables de sus almas dolidas,
de sus puños crispados, de su agresividad,
si nunca han sentido unas manos amigas,
¿cómo exigirles que sepan amar?
Qué vergüenza siento de tanta inmundicia
porque tengo oídos y no sé escuchar,
esas voces tiernas que claman justicia
y que el mismo Dios parece ignorar.
Que triste que el hambre los queme por dentro,
que sus ojos secos no sepan llorar,
y su voz se pierda como hoja al viento
al oído sordo de mi sociedad.
Qué triste que tengan al cielo por techo,
periódicos viejos para sosegar,
el frío que cala muy hondo en los huesos
en las largas noches de su soledad.
¡Ay! Qué vergüenza siento por no reparar
en que soy culpable ¡por complicidad!



Autor desconocido
Colaboración de Magali Sauceda
México

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